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Comunicado sobre sucesos que afectan a Chile
Por
Joaquín Meli U.
Publicado:
24 Octubre 2019
Leido 978 veces
Comunicado
Compartimos un comunicado de nuestro Delegado de Misión, Ernesto Reyes, en torno a los sucesos que han afectado nuestro país los últimos días. 
Querida Familia Marista

Los lamentables sucesos ocurridos en nuestro querido país, de los cuales hemos sido testigos directos, no nos dejan impávidos. Como comunidad educativa y católica, tenemos un compromiso irrenunciable con los valores cristianos y sociales.

Con más de cien años de presencia en Chile, hemos participado con compromiso y entusiasmo en la formación de miles de niñas, niños y jóvenes, la gran mayoría de ellos hoy son hombres y mujeres de bien, que han contribuido con sus familias, sus oficios y profesiones a construir una patria digna, justa y democrática.

Independiente del prisma político con que se analicen estos hechos, todos debemos reconocer que revelan una realidad que duele, que preocupa y de la que todos debemos ocuparnos. Es una realidad que por muchos motivos y circunstancias, estuvo oculta, silenciosa, incubando una grave enfermedad social, cultural y económica, que hoy se manifiesta con todos sus síntomas: la desigualdad socio-económica, la excesiva acumulación de los bienes en manos de unos pocos, las bajísimas condiciones de remuneración y jubilación de la mayoría, el excesivo individualismo, el culto a lo material, la falta de empatía y consideración por el otro, la insensibilidad a las realidades ajenas y la falta de oportunidades.

Los Maristas hemos sido, somos y seguiremos siendo formadores de buenos cristianos y buenos ciudadanos, promotores del bien común y de la solidaridad, porque esa es nuestra misión; educar y formar en los valores de Cristo Jesús. Conocemos muy bien y de cerca, la realidad de muchos hogares y familias que con gran esfuerzo y mínimos recursos, anhelan mejores vidas para sus hijos e hijas. En nuestros colegios atendemos directamente a miles de niños, niñas y jóvenes vulnerables, que tienen esperanzas y legítimos sueños de poder superar la pobreza y las limitaciones de los contextos sociales en que les ha tocado vivir, y lograr así tener una vida más digna para ellos y los suyos.

Por eso entendemos, comprendemos y nos hacemos parte de las demandas ciudadanas para lograr mejorar a nuestro país de esta dolorosa enfermedad que es la inequidad social, cultural y económica. Abogamos por que todos juntos, unidos, encontremos ideas lúcidas y caminos posibles para impulsar los cambios que sean necesarios. Pero también somos conscientes de que esos cambios, sólo serán posibles, duraderos, fructíferos y trascendentes, si son el resultado de un diálogo ciudadano y político responsable y respetuoso. Ese es el camino, y no la violencia, el vandalismo y la delincuencia pura y dura, de quienes se aprovechan de esta compleja realidad para vulnerar nuestros derechos.

Nosotros, como educadores -desde nuestra tribuna- haremos lo propio inspirados en nuestra misión institucional y cristiana, que nos mandata formar integralmente a nuestros niños, niñas y jóvenes y ser garantes de sus derechos. Es un principio irrenunciable que nos compromete a estar activos y vigilantes para que sus derechos no sean vulnerados de ninguna forma y en ninguna circunstancia.

Como sabrán -ante esta realidad- la autoridad por prevención, ha decidido suspender las clases en muchas de las regiones donde hay colegios Maristas. Como garantes de la seguridad de nuestros estudiantes acogemos esta determinación y la respaldamos. Sin embargo creemos también que es una ocasión propicia para reunirnos en familia, dialogar y reflexionar sobre estos sucesos. Son temas importantes, formativos y trascendentes, y
nos hará muy bien abordarlos con tranquilidad, con confianza y amplitud de criterio, para orientar especialmente a nuestros niños, niñas y jóvenes. Y hagámoslo inspirados en el Padre Hurtado, que se preguntaba...

“¿cómo estamos reaccionando los cristianos frente a esta realidad trágica? Esta
responsabilidad es de todos y cada uno. Es decir, la suerte del más pobre me
interesa a mí, porque soy su hermano, hijos del mismo Padre común, y, por ende,
nadie puede serme extraño. Esto, a su vez, nos implica que es preciso que cada uno
tome su vida cristiana en serio, porque Cristo me ha entregado su obra, me ha
confiado sus intereses”.


En nombre de todos nosotros, la Familia Marista, los invito a esto, a mirar la realidad y “mirarnos” en ella, para descubrir qué nos demanda, qué podemos hacer nosotros -cada uno- para contribuir a la reconstrucción de una nueva y mejor versión de nuestra sociedad y de nuestro querido país.

Fraternalmente

Ernesto Reyes P.
Delegado de Misión
Sector - Chile


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