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Presencia Marista en Quicharco
Por
Joaquín Meli U.
Publicado:
20 Julio 2020
Leido 122 veces
Capilla Quicharco, Curicó.
Saliendo desde Curicó y a poco andar hacia la costa, hay una bifurcación del camino que conduce a la localidad de Quicharco – El Plumero, un loteo habitacional perteneciente a la vecina comuna de Rauco. Recorrer su paisaje es encontrase con plantíos de árboles frutales, crianceros, pequeñas parcelas en una zona sometida a prolongadas sequías y contaminación. Reportaje por Francisco J. Contreras Robles, colegio Marista de Curicó.
Los Orígenes.

El 18 de abril del año 1998, el Papa Juan Pablo II canonizó a Marcelino Champagnat ligando al icónico fundador de la obra educacional con la comunidad marista de Curicó. El hecho motivó a la comunidad escolar a testimoniar su legado. Liderados por el rector de entonces, profesorado, pastoral, centro de padres, estudiantes y el clamor de la comunidad Marista en general, se decidió construir una capilla en una localidad rural, alusión al origen campesino y trabajo pastoril de Champagnat en la campiña francesa.

Gracias al apoyo del obispado y municipio de Rauco se contó con un terreno cedido en comodato. El lugar era un conjunto de modestas casas que se alineaban frente a una polvorienta o barrosa calle según la estación del año. Luego de una Misa que ofició el fallecido P. Jorge Ramírez CMF, se instaló la “primera piedra”. Paralelamente, en el instituto sus estamentos se encargaron de solventar los costos de amueblar este nuevo centro de oración. Las Damas Maristas bordaron manteles, los cuartos medios contribuyeron con el altar, cada curso aportó lo suyo contribuyendo con bancas según testimonia una pequeña placa recordatoria instalada en cada una de ellas. En abril del año 2000 se realizó la inauguración de la capilla con la bendición del obispo. El otrora terreno baldío arraigaba una nueva dimensión del carisma Marista.

Sostenido Apoyo.

La presencia del colegio y los hermanos, particularmente el H. Julián San Esteban (Q.E.P.D.) fue tonificante. Hoy las eucaristías están a cargo del párroco de Rauco. Pero para ser justos con esta crónica, también ha sido el fiel testimonio de un puñado de ex apoderados que ha mantenido viva la llama de Marcelino en la localidad. Han transcurrido casi 20 años desde su apertura y un pequeño grupo de ex apoderadas ha seguido con esta obra misionera formando fuertes lazos de verdadera familia Marista.

Sutil y a la vez decidida permanencia ante la comunidad de Quicharco, la que ha crecido en habitantes. Su explosivo desarrollo y población matizada con lo local y lo foráneo han dado forma a nuevas necesidades, emergentes problemáticas donde la capilla, en el vértice de la recién bautizadas calle Los Maristas con pasaje San Marcelino espera para encauzar las necesidades de índole espiritual de quien lo requiera. Evidencia de lo dicho es que casi una veintena de niños y niñas preparan su primera comunión.

Todos los que han estado colaborando en la capilla Marcelino Champagnat de Quicharco han manteniendo vivo el fervor de un pastor de Marhles que un día incubó un sueño, simplemente confiado en Dios y María, “la Buena Madre”.

Al ingresar a la población de Quicharco, por la calle Los Maristas, constatamos que esta ha crecido sostenidamente a la par de nuevos conjuntos habitacionales y notoria combinación multicultural, mezcla entre lo típico de nuestro campo y la influencia de habitantes de otras nacionalidades, idiomas e idiosincrasias.
 

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