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Hermanos mártires de Zaire
Por
Felipe Jara E.
Publicado:
2 Noviembre 2016, 13:26
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Dibujo de los Hnos. y San Marcelino.
Hace 20 años, el Instituto Marista fue golpeado por una triste noticia, cuatro Hnos. fueron asesinados en Zaire. Este 2016 conmemoramos a los misioneros que entregaron su vida por un pueblo desamparado. 
El 31 de octubre de 1996, los Hermanos Servando, Julio, Miguel Ángel y Fernando, fueron asesinados en Zaire, producto del conflicto que mantenía el país, viviendo una crisis social profunda.

La situación se agudizó, por lo cual se llamó a los Hnos. a retirarse de la zona, pero sin dudar, todos prefirieron quedarse para colaborar y hacer viva la Misión Marista, junto al pueblo de la actual República Democrática del Congo.

El Hno. Benito Arbués, Superior General de ese período, comentó: “Atención especial me han merecido los Hermanos de la comunidad de Bugobe. Los refugiados han pasado por varias crisis y momentos dramáticos desde julio de 1995. Tengo la impresión que han sido considerados como moneda de cambio al servicio de muchos intereses, incluidos los de naciones muy influyentes en la política africana. El desenlace final es algo terrible. ¿Qué hacer con los Hermanos en esas circunstancias? Cuando podían optar escogieron quedarse con todas las consecuencias. El amor y la solidaridad hacia un pueblo abatido pudo más que los riesgos o que el deseo prudente de poner a salvo la propia vida”.

Es importante recordar que uno de los mártires de Zaire, el Hno. Fernando de la Fuente, tuvo una importante labor en el Sector Chile. Reconocido por su carisma, se desempeñó en distintas misiones,  como rector y educador de los Colegios Maristas de Los Andes, Villa Alemana, Rancagua y San Fernando, siendo esta última comunidad la que lo vio partir al continente áfricano.

Para el aniversario de este estremecedor hecho, la Casa General Marista publicó el texto de 1996 del Hno. Arbués, para que la Comunidad Marista Mundial se informara de lo ocurrido:

Toda celebración eucarística es ofrenda e inmolación y acción de gracias. La de hoy añade motivos particulares al sacrificio de Jesús y a nuestra alabanza y acción de gracias a Dios, Padre de bondad y de misericordia. A la muerte violenta del Arzobispo de Bukavu, monseñor Christophe, siguió la de los Hermanos maristas: Julio, Fernando, Miguel Angel, Servando y por último, en Goma, la de dos sacerdotes y una religiosa de origen zaireño. A ellos hay que añadir los miles de personas que han muerto y de quien nadie hablará...

La muerte violenta de Servando, Julio, Miguel Ángel y Fernando interrumpió la presencia física de una comunidad religiosa en el campo de Nyamirangwe. Pero, ahora, sus vidas tienen una nueva dimensión y sus mensajes hablan de Jesús resucitado con más fuerza que nunca.

Por la experiencia vivida en las últimas semanas tengo la impresión de que los cuatro Hermanos han sobrepasado los límites canónicos del Instituto marista y definitivamente son patrimonio de la Iglesia, de la vida consagrada y de muchas personas de buena voluntad que se han encontrado con Dios por la noticia de estas muertes violentas”.


¿Quiénes son Fernando, Miguel Angel, Servando y Julio?

Femando ha vivido la mayor parte de su vida lejos de España, en Chile, donde ha sido formador y consejero provincial. Apenas llevaba un año en el Zaire. El 23 de octubre le sugerí si podría continuar medio año más en Nyamirangwe y su respuesta fue espontánea y hasta gozosa. “Estaba esperando tu invitación y te aseguro que me haces un gran regalo. Muchas gracias por esta buena nueva que me das”.
Miguel Ángel, vivió 13 años en Argentina y 22 en Costa de Marfil, donde fue superior del sector.
Julio llevaba 14 años en Zaire y en mayo le invité a integrarse en la comunidad Nyamirangwe.

Para Servando, ésta era su primera experiencia misionera. Actualmente él era el superior de la comunidad de Bugobe. Como los otros Hermanos, fue por un año, pero por las circunstancias que atravesaban estos campos de refugiados aceptó gustoso continuar un año más. En su provincia de Bética fue consejero provincial y miembro del equipo de animación pastoral y allí le esperaban para continuar de nuevo en ese servicio pastoral.

¿Qué hacían en un campo de refugiados?

En agosto de 1994, la asamblea y el consejo de distrito de los Hermanos de Ruanda toman la decisión de estar presentes con todos los ruandeses. Dentro del país se abren de nuevo tres comunidades que centran su misión en escuelas. Al exterior y al servicio de los refugiados, seis Hermanos inician la nueva comunidad. Ante las dificultades que van surgiendo para los refugiados y para los Hermanos ruandeses, se refuerza la comunidad con Hermanos no africanos; pero como los peligros persisten, optamos por retirar todos los Hermanos ruandeses de la Comunidad de Bugobe.
A medida que he ido conociendo este proyecto ha crecido mi admiración y amor a los Hermanos que lo iniciaron y continuaron. Tuvieron la intuición de crear un proyecto de educación muy en sintonía con nuestro XIX Capítulo General: integrado en la Iglesia, con plena colaboración y responsabilidad de laicos y respondía a las necesidades del entorno. Y todo ello estaba animado por una comunidad fraterna de consagrados que, en las dificultades, era centro de referencia porque inspiraba confianza. “Cuando nos ven es como si vieran a Dios”, le decía Julio a su madre.

¿Quién los ha matado y por qué?

Hay aspectos de sus muertes que restarán des-conocidos y como hipótesis. Otros son claros:

Fueron asesinados el día 31 de octubre sobre las 20 horas. Al parecer mueren por efecto de balas. Los autores del crimen son las milicias Interhamwe (del anterior gobierno de Ruanda), que permanecen unos días en el barracón de los Hermanos e impiden que nadie se acerque porque, decían, que los Hermanos estaban presos por ser espías. Los cuatro cadáveres fueron sacados de una fosa séptica el pasado día 14 y enterrados en nuestra casa noviciado de Nyangezi.

Los pretextos para asesinarlos pueden ser varios. Sólo tengo una razón segura: han muerto porque a pesar de los riesgos que corrían deciden quedarse junto a miles de personas que iban y venían errantes, víctimas del pánico y de la presión de quienes quieren hacer de ellos escudos humanos en los combates o en la resistencia.

Desde el 23 de octubre cada día hablábamos con ellos por teléfono el Hermano Jeffrey y yo. En este momento sentimos no haber grabado las conversaciones con Servando: serenas, de fe, de claridad en la decisión que tomaban y de los riesgos que corrían. Su temor era ser asesinados por los rebeldes que se aproximaban, aunque también desconfiaban de las personas violentas que estaban llegando al Campo a finales de octubre.

Ante mi insistente invitación a retirarse del lugar, su respuesta era la misma: No podemos abandonar a quienes ya están abandonados de todos. Si tú estuvieras aquí harías lo mismo que nosotros. Nuestra decisión es quedarnos si tú nos dejas. En la mañana del día 31, Servando telefonea a la Casa general y da este mensaje: “Se han marchado del campo de Nyamirangwe todas las personas. Estamos solos. Esperamos un ataque de un momento a otro. Si esta tarde no volvemos a telefonear será una mala señal. Lo más probable es que nos quiten la radio y el teléfono. La zona está muy agitada. Los refugiados huyen sin saber a dónde y es muy notaria la presencia de infiltrados y de personas violentas”. Ese mismo día hablé dos veces con él desde Francia. La última a las 13:50 horas y me dijo: “de nuevo nos hemos quedado solos, tal vez vuelvan otra vez los refugiados porque no saben a dónde ir. Nos quedamos porque no queremos mezclarnos con los militares ni con los grupos armados”.

Queridos Hermanos Servando, Julio, Fernando y Miguel Ángel

Como Superior acepté vuestra decisión de quedaros y con vosotros asumí los riesgos que podíais correr, pero al recibir la noticia de vuestra muerte he sentido pena por este final doloroso; pena por vuestras familias y por el daño que se han hecho a sí mismos quienes os han asesinado. Estoy convencido de vuestro perdón porque tampoco ellos sabían lo que estaban haciendo; nosotros maristas les perdonamos y rezamos por ellos.

No puedo ocultaros que junto al sufrimiento de estos días siento admiración por cada uno de vosotros y gozo interno porque habéis sido testigos de Jesús de Nazaret arriesgando la vida hasta la muerte violenta. Os quedasteis en Bugobe por amor a Dios y a los refugiados. Gracias por vuestra generosidad y por vuestra fe. No olvidéis que los refugiados siguen necesitando de vuestra intercesión porque los responsables de la política internacional no muestran mucho interés en ofrecer ayuda humanitaria y de paz a la Región de los Grandes Lagos
”.

Revisa acá las biografías de los Hnos.

 

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